Introducción:


Los libros de relatos siempre nos llevan a viajar a lugares diversos y desconocidos; a tiempos remotos, o tiempos que son; o incluso están por llegar. Pero en mi caso, cuando abrazo un libro de relatos y me dispongo a abrir sus páginas, sí hago mía la pregunta que hace mi Amiga, la escritora Berta Martín de la Parte en el título de su libro: ¿Serán historias verdaderas o falsas?
En esta ocasión creo que hay mucho de Berta en sus historias. Siempre las autoras y autores dejan jirones de su piel, y a veces de su alma, en las historias que crean, trenzándolas con una ficción que muchas veces sorprende al lector.
Ella bien lo deja claro desde el principio:
“Los protagonistas pueden ser, o no ser reales. Estas historias pueden haber sucedido o poder suceder a cualquiera de nosotros. ¿Son historias verdaderas, o simplemente inventadas?


Ya en su primer relato se mete entre fogones, y nos invita a acompañarla. Qué importantes son los olores y los sabores que recordamos de nuestra infancia. Nos traen a la memoria escenas que llenaban aquel tiempo, en el que nos sentíamos felices...

“Las dos juntas continuamos durante toda la mañana, preparando una paella valenciana, en la que mezclamos el sabor de los pastos de las praderas y de las montañas. Los olores de los mares y de las huertas, de los pinares, de los bosques del Norte, los campos de olivares del Sur y los viñedos de uva roja o verdilla. Con los olores de las meriendas en el campo, con los sabores de la amistad y la confraternidad. Con olor a familia, con olores a encuentros y despedidas. Con el olor a niños recién nacidos y el sabor salado de lágrimas de alegría.”


Comparte con los lectores historias en las que la Naturaleza es una protagonista muy importante, como en realidad lo es en nuestra vida, aunque a veces, creo que demasiadas, sufra nuestro maltrato.


Pero me han resultado muy divertidas las ‘Historias de mi Mariano y yo’. Si mi memoria no me falla creo que nos regala cuatro experiencias narradas con simpatía, ironía, sencillez y mucho sentido del humor. No me he visto reflejado en ellas, pero sí conozco, sin duda alguna a muchos Marianos que son tal cual los refleja en sus relatos. Una vez más demuestra que la realidad supera la ficción, dirigiéndose directamente al lector o lectora. Situaciones divertidas, reales, imaginativas, dolorosas, tristes…


Genial la imagen de los manitas, que parecen los cuñados, claro, que seguro son cuñados de alguien. Pero que lo saben arreglar TO–DO.
“Yo pertenezco al grupo integrado por queridas y sufridas amas de casa; de las que abogan, por elevar la edad de jubilación de los maridos hasta los 95 años. ¡Pues sí!, ustedes han leído muy bien…//…”
“No piensen ustedes que yo soy la única que la sufre –la tortura– hay muchas más como yo, solo que todavía no se atreven a sacar a la luz el problema.”


No en todas las historias de los Marianos, son ellos los protagonistas, porque la mujer que comparte vida con ellos, a veces, también tienen su aquel, resultando tan divertidas o más que cuando ellos son protagonistas. Y para eso llamo vuestra atención respecto del relato: ‘Alerta en el aeropuerto’, con el que seguro aflorará en vuestro rostro alguna carcajada, o risa o, sin duda, sonrisa.


En la última de estas entrañables historias, ‘Nuestra casa es un hospital’, la protagonista deja en el aire una reflexión, a tener en cuenta:
“Me pregunto yo si somos las mujeres ciertamente más blandas que los hombres, o si simplemente somos tontas.”


No añado más al respecto y que cada uno y cada una saque su propia conclusión; pero hay algunos Marianos que… ¡¡Mamma Mía!!


En el relato: ‘En un segundo’, Berta presta su voz a un pajarillo, y dentro de la desgracia que lo contiene, el punto de vista de quien narra el hecho, lo hace divertido a la par que lo llena de sensibilidad. Humaniza a esa ave narrador, que disfruta de su singular familia.
“El reloj del campanario de la iglesia cercana al domicilio marca las 7 de la tarde, las siete campanadas despiertan a los habitantes del pueblo, que parecía haberse adormecido por el calor primaveral. Hasta yo mismo he disfrutado de una cabezada, en mi acogedor nido y despierto también un poco asustado.”


Son muchos los temas que la autora de esta colección de relatos aborda, de manera clara, sin disfraces ni adornos, para mostrar la realidad que vivimos, y a la que a veces parece que le hemos vuelto la espalda. Si no lo veo, no sucede. Y eso no es cierto. Sucederá aunque no lo veamos o queramos verlo.
“¿Sabe doctor que él nos regala cada día un dibujo con motivos navideños nuevo? Pero no es el dibujo lo que nos alegra, lo que a nosotros nos importa y nos emociona es su sonrisa cuando nos los entrega, y su mirada que parece vagar por el infinito de la inocencia, tiene en esos momentos un brillo especial, una mirada que irradia alegría.”


Permíteme que te haga una pregunta, mi querido lector o lectora ¿Debemos devolver los regalos de Navidad, si no nos gustan? ¿Y si al hacerlo la liamos pero bien liada? Ahí lo deja la autora en uno de sus relatos. Como dice el refrán, a ver si va a ser peor el remedio que la enfermedad.


Ningún tema le es ajeno, y muestra de ello es el amplio abanico de relatos que abraza este libro. La soledad del Ama de casa, o la falta de comunicación en las familias, en especial, de las que viven bajo el mismo techo, donde la tecnología o la televisión sirven de excusa para no hablar, es un ejemplo de ello ¿Y si de repente eso desaparece, aunque solo sea un instante? ¿Habremos olvidado cómo comunicarnos?
“Se miraron unos a otros preguntándose en silencio... ¿Y ahora qué hacemos?
La madre en silencio, tan solo con su mirada, les contestaba: ¿Por qué no charlamos un poco?... Y ambos le respondían... ¿Y cómo se hace eso?”


Adaptarse a los cambios, quizá sea la mejor manera de sobrevivir en este lugar al que llamamos Mundo. Son muchos los cambios desde el pasado año, y parece que viviremos, o sufriremos, alguno que otro más, y como bien deja caer la protagonista de uno de los relatos de Berta:
“...que como os decía ¡Ya sé que desvarío!, que o nos adaptamos o nos adaptan a golpes... Yo prefiero hacerlo por mi cuenta como la pantera Camuflada, ¿y vosotros?


Permitidme que yo responda por escrito: Yo también prefiero hacerlo por mi cuenta. Y hago mía su pregunta, si me lo permitís: ¿Y vosotros?


Esta pandemia ha sacado al descubierto la pobreza que vive a nuestro lado. Es más, ha metido en ese saco, en esa bolsa a muchas familias que antes estaban fuera de ella. Y mi Amiga Berta lo plasma, negro sobre blanco, para que no quede ninguna duda.
“El buzón rebosa de correo. Hace tiempo que Carmen y su marido recogen las cartas y a continuación las echan sin abrir a la basura, ¿Para qué abrirlas si únicamente les llegan facturas y más facturas? De posibles ofertas de trabajo, Carmen ya ni tan siquiera piensa sobre ello…”
¿Cuántas Cármenes está dejando esta pandemia? ¿Cuántas familias más van a quedar en las colas del hambre?


Relatos que nos van a divertir, pero también nos van a hacer reflexionar sobre la vida que llevamos. La lectura es un entretenimiento, sí, pero un entretenimiento que te sirve de espejo frente a una sociedad que, a veces, parece dormida o que se olvida de los que quedan atrás, porque el viento les sopla en contra.


Mirar a los ojos, para conocer de verdad al otro. Descubrir qué tiene en su interior y qué iguales podemos llegar a ser, aunque nuestra fachada exterior sea muy diferente.


Manejar nuestras emociones para poder hacer frente a los miedos y los fracasos que nos aguardan a la vuelta de la esquina. Cada uno y cada una tenemos nuestra propia lucha y cada victoria nos hace crecer, también nuestra derrota, pues no siempre conseguimos salir victoriosos.
“Pero ahora, por fin, había conseguido ganar la batalla contra los miedos, de la inseguridad, de la incertidumbre a un nuevo comienzo. Ahora había aprendido a manejar sus propias emociones.”


¿Hace cuánto que no recibes una carta, que no sea del banco, me refiero a esa escrita de puño y letra de alguien, en el buzón de tu casa?
Antes lo hacíamos, antes nos escribíamos, sobre un papel, con bolígrafo o pluma, y metíamos nuestro escrito en un sobre, le poníamos un sello y la echábamos a un buzón, para que llegase a su destino ¡Qué alegría era recibir una! ¿Y si volviéramos a hacerlo?


¿Y el Espíritu Navideño? Ese que solo aflora un día al año, y a veces no de forma positiva, y que desaparece del todo el resto de los días. Y si probásemos a alargarlo. En este mundo solo estaremos un ratito, nada más, mejor pasarlo siendo felices ¿no?


¿Y si cuando nos asaltan las dudas, y llenan de sombras nuestro horizonte, probásemos a desnudarnos? ¿Probamos?
“Quizás nuestros labios consigan esbozar una suave sonrisa.”


Deberíamos no olvidar, viajar siempre ligeros de equipaje, por lo que pueda suceder, si nos sorprende la vida. ¿Y si de utilizar las teclas de los móviles y las del ordenador, para comunicarnos, se nos olvidase hablar? ¿Y si perdiéramos esa facultad, que es una de la que nos distingue del resto de seres vivos? ¿Pecamos con el pensamiento, o pecar con él no es pecar? ¿Hemos normalizado el maltrato en nuestra sociedad? No debería ser, y cuando una historia “…llega al último renglón…”, debería darse por terminada; si bien, quizás nunca debió iniciarse.


Como ya he señalado anteriormente, Berta no teme abordar ningún asunto por duro y difícil que pudiera resultar, pero así es la vida: difícil. Nadie dijo que vivir fuera fácil, a veces se nos complica la vida sin esperarlo.


Las mujeres violadas. La rutina en el matrimonio, como uno de sus males. A veces nos olvidamos de que formamos parte de un todo. La importancia de la enseñanza y la paciencia. Los sin hogar.


“No es una identidad de aspecto físico, sino que nos unen los individuales sentimientos íntimos que nos trastornan y sobrepasan. Nos une la intranquilidad, la insatisfacción y, a veces, nos une el miedo.”


“Mi vida y la de Mi Dana, eran una permanente rutina… Nos habíamos convertido en compañeros de piso; compartíamos, cariño mutuo, amabilidad, familiaridad. Nos tratábamos educadamente, manteníamos las formas; nadie conocía nuestra auténtica situación matrimonial, excepto nosotros mismos.”


“…experimentó la sensación de ser parte de la paleta de colores, en donde el único color que se echaba en falta era el suyo. Y a partir de entonces sintió como formaba parte del Arco Iris.”


“La enseñanza es una profesión que da muchas satisfacciones. Tienes que dar tiempo al tiempo para recoger los frutos.”


La soledad, los recuerdos, los gestos, de nuevo esa Naturaleza de la que todas y todos formamos parte. Adaptarnos a lo que está por llegar. Creer en hadas que llevan varitas mágicas con una estrella en un extremo. El disgusto por los relatos encadenados, que no tienen en cuenta el alma de sus protagonistas. La sorpresa que guardan los paquetes sorpresa, cuando nuestra imaginación nos puede traer algo… ¿Inesperado?


Cierra el libro una historia maravillosa, de la que no quiero desvelar nada más que el título: ‘La dama con el carrito de la compra’.


A pesar de todo lo que nos está aconteciendo, la función ha continuado, aun con el telón bajado. Los personajes han seguido con su vida y después, cuando todo pase y el telón vuelva a alzarse, tanto actores como actrices serán (seremos) un poco más mayores, pues el tiempo decidió no detenerse y siguió avanzando incluso con el patio de butacas vacío. La vida sigue.


Y como soy un enamorado de la poesía, y os la vais a encontrar en este libro que tenéis entre vuestras manos, os dejo como despedida este verso que he tomado prestado:
“Os quiero, gracias por haber sido parte de mi vida”

Autor: José Manuel Contreras de Lucas.
Escritor y periodista.